Me obedecía en cada pose, se dejaba girar, abrir y penetrar donde yo quería. Sus gemidos eran débiles, cortos, casi ahogados, como una perra sumisa usada sin derecho a disfrutar. Yo marcaba el ritmo y ella se dejaba, callada, sometida, usada como juguete.
Me obedecía en cada pose, se dejaba girar, abrir y penetrar donde yo quería. Sus gemidos eran débiles, cortos, casi ahogados, como una perra sumisa usada sin derecho a disfrutar. Yo marcaba el ritmo y ella se dejaba, callada, sometida, usada como juguete.
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